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lunes, 5 de febrero de 2018

Me duele, me gusta; dominacion sexual.



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El dolor y el placer se mezclan en las practicas de dominación sexual, descubre si el bondage es lo tuyo.

El asunto del sexo nos ocupa, es la fuente de nuestros placeres más intensos, pero, ¿Qué pasa cuando es el dolor lo que nos da placer? ¿Qué nos pasa cuando se obtiene la excitación y satisfacción sexual a través del propio dolor físico o psíquico, la humillación, la dominación y el sometimiento?

Nos parece natural que el ser humano intente evitar todos aquellos estímulos que le proporcionan malestar, y entre ellos solemos pensar que el dolor es uno de los más importantes, ya que normalmente lo asociamos al sufrimiento. Sin embargo, la relación entre placer y dolor son más complejas de lo que podemos creer. En la comprensión de esta relación extraordinaria una clave puede estar en las sustancias que produce el cerebro cuando sentimos dolor. Se trata de las endorfinas, unos opiáceos naturales de los que se sirve nuestro sistema nervioso para contrarrestar el dolor y el miedo.

La línea que separa dolor y placer es muy pequeña. Ambas sensaciones, primariamente físicas y que son muy intensas, activan el mismo circuito cerebral y liberan dopamina.

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La dopamina, es un químico cerebral que de cierta manera recompensa al cuerpo con una sensación agradable, similar a la de las drogas. En el caso del placer, la dopamina genera esa sensación de relajamiento y bienestar y, cuando hablamos de dolor, llama a disminuir en algo ese sufrimiento.

El placer del dolor viene de la experiencia emocional que provoca y no de la física: un dolor poco o medianamente intenso, puede ser interpretado como una señal de placer. El sentir que el dolor disminuye o que podemos tolerarnos, genera bienestar y, un dolor que se puede manejar, puede convertirse en parte del juego sexual.


Sin embargo, estas prácticas tienen una variedad que va mucho más allá del dolor, la pareja busca enfocarse a sensaciones de placer, empoderamiento y control y hay quien ha planteado que el verdadero objetivo del masoquismo se relaciona más con el poder y la sumisión que con el propio dolor.

Con las 50 Sombras de Grey salió a la luz pública una práctica que realizaban muchas personas en la intimidad del hogar, pero que no se consideraba “normal” y el hecho de que Christian Grey tildara de “sexo vainilla” al sexo tradicional influyó mucho, a partir de ahí muchas se asumieron lo suficientemente open mind para reconocer que no tenía un sexo tan aburrido como para tildarlo de vainilla.

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Aunque existe una mayor apertura en los medios de comunicación y en las sociedades, en general, aún hay un poco de tabú sobre lo que rodea algunas prácticas íntimas y fantasías sexuales; el masoquismo entre ellos. Pero un estudio realizado por la Universidad de Montreal, afirma que la mayoría de las fantasías sexuales que pueden parecer preocupantes para la persona que las imagina, en realidad son más comunes de lo que cree, pues un 64,4 % de los participantes tienen una inclinación y deseo a ser dominados sexualmente.

Algunos signos de que te podría gusta la dominación sexual


-Buscas las sensaciones de orden y control de los acontecimientos, contra los impulsos propios y ajenos de naturaleza caótica.

-Te sientes libre cuando el otro toma control de todo, incluso del placer de ambos.

-Encuentras alivio de las sensaciones de culpa a través del castigo.

-Te lleva a sentir un deseo y excitación sexual difícil de soportar, y la cual te parece tan placentera como una caricia.

-Fantaseas con ser dominada/o

Así que si este es tu caso, o tu pareja fantasea con eso y nunca lo han llevado a la práctica aquí te dejo unas pistas sobre cómo empezar, pero recuerda que la comunicación que tengan en la cama dependerá el momento placentero que están a punto de iniciar.

1. Privación Sensorial

¿Sabías que si tu pareja no ve ni escucha, sus sensaciones corporales aumentan? Comienza con una venda en sus ojos y un juego. Luego acaricia al sumiso y deja saber qué fantasía se le apetece en ese momento. Hazlo sufrir tanto como desees, que te espere, que no tenga claro que vas a hacerle y sobre todo, cuándo se lo vas a hacer.

2. Inmovilizar

Quien ata “no es necesario que lo haga con dolor”. En el caso de los novatos, bastará la sensación de no desasirse. Como precaución, ten cerca unas tijeras escolares en caso de que el atado se agobie.

3. Azotes

¿Quieres ir más allá? Empieza con algunas nalgadas suaves. Eso sí, antes de comenzar se tiene que acariciar la zona para relajar a tu pareja. Luego podrás ¡castigar!… y cuando ya tengas más experiencia y vayan transgrediendo los límites puedes agregar distintos instrumentos para un buen azote, desde un cepillo de cabellos, pasando por paletas (hay unas con diseños para dejar una marca bonita en las nalgas” hasta correas fustas y látigos. “El objetivo es que quien recibe se relaje, así la sangre se concentrará en la zona y aumentará la excitación. El placer no siempre está en la fuerza, sino en ese juego, que se puede acompañar con caricias genitales”, ambos deben estar conscientes y de acuerdo con esta técnica.

4. Seguridad

Es importante que lleguen a un acuerdo sobre la palabra que usarán para pedir que la otra persona se detenga. Si el sumiso la usa, el amo se detiene inmediatamente. No se vale escoger “no”, “basta” o “para” porque estas pueden ser parte del juego de sumisión y poder.

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 Un último consejo: “Empiecen por algo sencillo (ir de menos a más) y sean positivos asumiendo que se trata de probar, errar, probar y acertar”

Recuerden, la creatividad de una mente libre de prejuicios y miedos puede ser infinita e infinitamente placentera.

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Vía: Redacción.

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