Caracas, Venezuela. 11 agosto 2016

Saunas gay de Caracas; la experiencia de Fernando en el Zeus


En Caracas hay varios "Saunas para Caballeros" entre ellos, Fernando Fernandez, un hombre gay, fue al sauna Zeus y esta fue su experiencia.


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Indagando sobre los famosos saunas gay de Caracas, escuchamos la historia de Fernando, un amigo homosexual que nos relató sus experiencias en el Zeus; uno de los "saunas para caballeros" más emblemáticos entre la comunidad gay de Venezuela.

Fernando no tenía idea de que existían saunas gay en Caracas.


Era una de esas tardes en las que quieres mandar todo a la mierda. El calor caraqueño era insoportable, como si se metiera en la ropa y la calentara al punto de querer arrancártela, provocaba meterse a una tienda y comprar ropa fresca, bañarse en cualquier lugar, un centro comercial, una oficina, la casa de alguien, lo que quedara más cerca. Me daba mucho asco meterme en el vagón del metro y estar cerca de otro ser humano, cualquiera. La gente se veía y olía más feo de lo normal, me sentía como en un camión de cochinos a donde sea que fuese. Tenia un nudo en el estómago, no sabía si de rabia o la tristeza. No entendía qué hacía cada día, por qué despertar cada mañana, por qué ir a trabajar, por qué comer, dormir o cagar ¿Cuál era el sentido de todo eso?. Caminando de mi trabajo al metro, por el bulevar de Sabana Grande, quise pararme y gritar para desahogarme y ver si me sentía mejor, gritar fuerte e intentar sacar todo el mierdero que llevaba dentro, sin importar lo que pensaran los demás. Pero me contuve, respiré profundo, caminé hasta una pizzería de esas balurdas que hay por ahí y compré un refresco. Al sentir el dulce y el frío de la bebida, las cosas se tornaron un poco más agradables.

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Mi mal humor y mi irritabilidad no eran de gratis. Una semana atrás había terminado con mi novio de tres años. Vivía con él; y vaya que me había costado dar ese paso. Todo me recordaba a él. Lo buscaba entre las caras de la muchedumbre que caminaba por Sabana Grande. Yo sabía que él frecuentaba la zona, tenía nervios de verlo, pero al mismo tiempo deseaba con muchas ganas toparme con él. Pensaba – ¿Y si lo veo con su pareja nueva? ¿Qué haría yo? ¿Podría disimular?. Entonces recordé ese lugar que frecuentaba en la zona, que era un supuesto sauna. Aún con las ganas de verlo, le escribí a un amigo por el Whatsapp para preguntarle la dirección. Recuerdo perfectamente sus instrucciones: “Busca la heladería, bajas por esa calle, verás la tienda de comida árabe a tu derecha y sigues caminando hasta el edificio del Centro Empresarial. En el sótano dos esta el Zeus”.

Mi novio solía decirme que de vez en cuando le gustaba ir al sauna cuando estaba muy estresado. Que salía del trabajo un poco antes y pasaba un rato allá. Me había invitado, pero yo prefería ir entrenar en gimnasios. Eso de saunas me parecía de doñas. Él era diez años mayor que yo así que lo veía como cosas de viejos ¿Qué podía ir a buscar un mariquito del este de Caracas, como yo, por allá en un sauna en Sabana Grande? Es que me los imaginaba hasta feos, tal cual  las habitaciones de los mataderos en la calle de los hoteles. “No, guácala, de Chacaíto para el otro lado. Mejor un polvo en el carro” decía yo. Pero esa tarde me decidí y fui a ver que tal.

Sexo en el Zeus; las orgías gay en el sauna y baño de vapor no se hicieron esperar.


En el sótano dos de ese edificio estaba el sauna que me dijo mi amigo, el famoso Zeus. Estaba intimidado. Bajé la mirada cuando vi al vigilante, sintiendo vergüenza de quién sabe qué. Pagué mi entrada y me dieron la toallita. Una cosa ínfima que no me cubría ni media bola. También pensé en todas las personas que habían usado la misma toalla y me dio algo de asco. Pero a lo hecho pecho. Allí estaba yo con mi cabeza en alto. Me sorprendió que fuese sólo para hombres. Hasta me incomodó. Yo me lo imaginaba lleno de doñas de esas que no aceptan la edad ni las arrugas y creen que el vapor de agua les estiraría la piel.

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Otros hombres me veían un poco más de lo usual, habían hasta homosexuales famosos de la farándula venezolana. Soy atractivo, llamo la atención, pero allí era otro nivel de chanceo. Otro tipo de mirada. Sonrisas, coqueteos sutiles y también descarados. Yo sólo trataba de no parecer nuevo en la cosa y sentirme divino. De pronto me recordé a mi ex y pensé en todas las veces que me dijo que había ido a esos lugares y la atención que pudo haber recibido el desgraciado. Me dolió, porque nunca me dijo algo como “me miraban, sólo van hombres, allí se está casi desnudo, etc”.

En eso, pasó un morenazo alto, de porte fuerte, con unos labios gigantes, me vió y se sonrió, gracias a él, me olvidé aquellos pensamientos dolorosos por un momento. Me fui detrás suyo. Eso parecía un laberinto y como yo no había estado allí, era difícil disimular mi cara de perdido. En mi persecución de aquel negrote bello, pasaba por pasillos, estantes, escaleras y hasta una piscina. Nunca me imaginé ver todo eso y menos en el segundo sótano de ese edificio. De vez en cuando veía uno que otro tipo bonito y uno que otro modelito de tv, pero era aquel negro fornido al que estaba persiguiendo como la propia loca. El tipo se metió entonces detrás de una puerta que resultó ser baño de vapor. A medida que caminaba, menos podía ver pero escuchaba gemidos... “¡Mierda! ¿Estaban tirando allí?” fue lo que pensé. Lo que escuchaba no era sólo de una pareja, era mucha gente. “¿En esta mierda están haciendo una orgía?”. No podía salir de mi asombro, estaba en shock... así que de esto era que se trataban los "saunas para caballeros".

Lo que pasó en el Zeus se queda en el sauna


Entre una cosa y la otra sentí que me tomaron los dedos, era el morenazo divino. Se puso frente a mí y me miró. Yo le seguí el juego y le tomé la mano. Aquella era una de las manos más grandes que había tocado. Terminamos dándonos un beso con lengua que duró una eternidad. Me encanto esa boca tan grande que bien sabía usar. Ese beso me excitó tanto que de una vez busqué su miembro, que estaba erecto y lo toqué; bien le hacía justicia a esa fama que tienen los negros. Su pene era enorme y grueso. Empecé a hacerle la paja y al poco tiempo empecé a hacerle sexo oral. En ese momento estaba tan excitado que olvidé usar condón, aunque sinceramente si lo recordé, pero hay momentos que la vida parece tan corta, que simplemente dan ganas vivirla y olvidarse de detalles tan pajuos como buscar un condón.

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Entre los gemidos de los demás hombres, me sentí como en una coreografía, algún ritual, parecían estar coordinados y con ellos aumentaba mi deseo sexual. Yo también empecé a gemir. Aquel hombre me tomó fuertemente por el cuello y  me llevó contra una pared, ahí empezó a tocar mi pene. Mi cara estaba contra la cerámica. Podía escuchar mis gemidos con mayor fuerza. Sentí sus grandes dedos entrando y saliendo de mi ano. Tenía tiempo sin tener sexo y me dolía, pero era un dolor que no quería dejar de sentir. Me sentía la más puta... el más gritón del lugar, pero también me sentí libre de hacerlo. Luego me inclinó, me volvió a tomar por el cuello y empezó a meterme su pene gigante. ¡Cómo costó para que entrara! pero ya yo estaba tan excitado que no me molestaba. Quería esa verga completa dentro de mí. Era enorme. ¡Qué rico cogía ese negro! Acabamos juntos y fuimos a las duchas, y mientras caía el agua de la regadera pensaba “¿Qué mierda pasó? ¿Qué es esto?”. No tuve el más mínimo remordimiento, ni siquiera nos besamos otra vez y después cada quien tomó su camino, sin numero ni nombre intercambiado, ni pendiente.

Yo me fui a las sillas reclinables que estaban en la piscina, tratando de digerir todo aquello, trataba de entender aquel instinto casi animal que había salido de mí unos minutos antes, finalmente me calme, pase un rato más ahí y me fui.

Así fue como finalmente entendí: esos eran los famosos saunas que tanto frecuentaba mi ex... Qué carajito más pendejo había sido yo, pensando que el tipo era un viejo aburrido que me era fiel, cuando en realidad era un ser promiscuo que prácticamente se burlaba de mí en mi cara cuando hablaba con sus amigos de eso de ir al sauna, “A Fernando no le gustan” “Ayer fui y me relajé bastante” o “nadé en la piscina del sauna con unos amigos”... viejo desgraciado.

Al menos esta experiencia y ese negrote sabroso me ayudaron a olvidar a ese malnacido de mi ex  mucho mas rápido y seguir adelante con mi vida.



via: Mama Sama