Caracas, Venezuela. 22 marzo 2013

ORQUESTA SINFÓNICA DE VENEZUELA PRESENTA EL RÉQUIEM DE MOZART EN EL INICIO DE LA SEMANA MAYOR




La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), Patrimonio Artístico y Cultural de la nación, celebra el inicio de la Semana Santa con uno de los conciertos más hermosos del compositor y pianista austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, considerado maestro del Clasicismo y uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. La cita es el sábado 23 de marzo a las 6:00 p.m. en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. Entradas a la venta en las taquillas del teatro desde Bs. 40 hasta Bs. 300, en el horario de martes a sábado de 9:00 a.m. a 8:00 p.m.

Bajo la batuta de la Maestra Isabel Palacios, el Coro de Ópera Teresa Carreño, el Coro de la Camerata de Caracas, y la Orquesta Sinfónica de Venezuela, interpretarán el Réquiem de Mozart, el cual contará con las impecables voces de: Sara Catarine (soprano), Katiuska Rodríguez (mezzosoprano), Idwer Álvarez (tenor) y William Alvarado (barítono)


En junio de 1791, Mozart ofreció en Viena uno de sus últimos conciertos públicos; tocó el Concierto para piano n.º 27 (KV 595). Días antes en su casa se presentó un desconocido, vestido de negro, que rehusó identificarse y encargó a Mozart la composición de un réquiem. Le dio un adelanto y quedaron en que regresaría en un mes. Pero el compositor fue llamado desde Praga para escribir la ópera La clemencia de Tito, para festejar la coronación de Leopoldo II. Cuando subía con su esposa al carruaje que los llevaría a esa ciudad, el desconocido se presentó otra vez, preguntando por su encargo. Esto sobrecogió al compositor. Más tarde se supo que aquel sombrío personaje (al parecer, llamado Franz Anton Leitgeb) era un enviado del conde Franz von Walsegg, músico aficionado cuya esposa había fallecido. El viudo deseaba que Mozart compusiese la misa de réquiem para los funerales de su mujer, pero quería hacer creer a los demás que la obra era suya y por eso permanecía en el anonimato. Según la leyenda, Mozart, obsesionado con la idea de la muerte, desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy sensible a lo sobrenatural por su vinculación con la francmasonería e impresionado por el aspecto del enviado, terminó por creer que éste era un mensajero del Destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral.

Mozart, al morir, consiguió terminar tan sólo tres secciones con el coro y órgano completo: Introitus, Kyrie y Dies Irae. Del resto de la Secuencia dejó las partes instrumentales, el coro, voces solistas y el cifrado del bajo y órgano incompletos, además de anotaciones para su discípulo Franz Xaver Süssmayr. También había indicaciones instrumentales y corales en el Domine Jesu y en el Agnus Dei. No había dejado nada escrito para el Sanctus ni el Communio. Aunque en un principio Constanze, su viuda, pidió al músico de la Corte Joseph Leopold Eybler que terminase el Réquiem, fue su discípulo Süssmayer quien lo acabó (siguiendo las directrices de Mozart), completando las partes faltantes de la instrumentación, agregando música en donde faltaba y componiendo íntegramente el Sanctus. Para el Communio, simplemente utilizó los temas del Introito y el Kyrie, a manera de reexposición, para darle cierta coherencia a la obra. Una de las principales influencias de esta obra puede hallarse en el Réquiem de Michael Haydn compuesto en el año 1771 para la muerte del arzobispo de Salzburgo S. C. Schrattenbach.

Aunque al parecer se interpretaron extractos del Réquiem en una misa en memoria de Mozart celebrada el 10 de diciembre de 1791, el estreno de la obra completa se produjo en Viena el 2 de enero de 1793 en un concierto en beneficio de la viuda del músico austríaco (Constanze Weber). Fue interpretado de nuevo el 14 de diciembre de 1793, durante la misa que conmemoraba la muerte de la esposa del conde Walsegg y bajo la dirección del propio conde.
--
EVELYN NAVAS ABDULKADIR
0414-1127757 Y 0416-7280265
Departamento de Prensa
Orquesta Sinfónica de Venezuela


IR A PAGINA PRINCIPAL